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INICIO OPINIÓN     Miércoles, 16 • Noviembre • 2016

Radar Político

Pobre juventud inmersa en la sociedad del desamor


Por: Columna

Sexoservidores asesinos, suicidas empujados por la frustración, domésticas que huyen con el primero que les habla bonito y esposas desesperadas antes de cinco años de matrimonio.

El sábado pasado, hablando de la vida que tenían los sexoservidores señalados como los asesinos de empresario Rafael Aristi Gasque, mencionábamos la frase "pobre juventud" por el futuro que les espera a estos dos muchachos, uno de ellos extranjero radicado de manera ilegal en Yucatán.

Pese a su juventud, uno de ellos ya acumulaba más de 30 detenciones por diversos delitos. Precisamente la noche anterior fueron detenidos por asaltar a un hombre que busco sus servicios, pero como no hubo denuncia fueron liberados a las pocas horas.

Su vida se reducía a pasar noches locas en busca de clientes, a los cuales prestarles servicios sexuales y, si se podía, robarles pertenencias de valor que les permitieran pagar el hotel donde vivían desde hacía algunas semanas.

Ahora duermen en otro "hotel" solo que sin las comodidades y sin la libertad.

Unos días después se dio a conocer el caso de un joven de apenas 20 años que se suicidó por problemas económicos y de tipo sentimental, debido a constantes desacuerdos con la novia.

El caso llama la atención, no sólo por la juventud de la víctima sino también por las circunstancias en que ocurrió. Pese a su corta edad, le gustaba vivir solo, sin depender de nadie, pero esto a la larga le generó problemas económicos que no pudo superar debido a su inestabilidad laboral.

Es la idea que se les vende ahora a los jóvenes, que se independicen de sus padres, tal como ocurre en países del primer mundo, pero lamentablemente no tenemos las mismas condiciones económicas y sociales de esas naciones, sobre todo en Yucatán, donde los sueldos siguen siendo muy bajos.

Un tercer caso al que nos vamos involucra a mujeres. Hoy precisamente amanecimos con la noticia de dos jóvenes desaparecidas. En ambos casos se puede inferir que no se trata de secuestros o desapariciones forzadas, como lamentablemente ocurre en otros estados del país, sino de desapariciones deliberadas o "fugas".

Una de ellas soltera, sin novio conocido, dejó su celular en casa, con la intención de que no la localicen pronto. Al parecer, sí tenía un enamorado oculto.

El otro caso suena como a una esposa desesperada que ya no quiso vivir con el marido, porque incluso se llevó a su hijo de dos años.

Sin duda la juventud vive tiempos desesperados, quizá más que en otras épocas, sobre todo porque en estos tiempos los malos ejemplos cunden magnificados por las redes sociales, que no sólo venden modelos de vida no ajustados a nuestra realidad social y económica, sino también estilos de vida donde los valores cada vez más se dejan de lado.

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Columna

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