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INICIO OPINIÓN     Lunes, 10 • Julio • 2017

Radar Político

Las madres yucatecas siguen educando 'machos'


Por: Columna

Dos pesas y dos medidas para hablar de los casos de violencia que ocurren en conocida familia de Mérida.

¿Cuál es el perfil de un golpeador?, le preguntamos en una ocasión a una experta en temas de equidad de género, y su respuesta fue inmediata: que sea hombre.

La respuesta fue contundente, sin pie a salirse por la tangente. Fue duro reconocerlo, pero inmersos en esta educación machista cualquiera que sea del género masculino puede convertirse golpeador y, yéndonos al extremo, hasta en feminicida.

Y es este contexto que ocurre un caso que no pudo pasar inadvertido: la violencia que ejercía contra su pareja Guillermo Molina Canto, hermano menor de Emma Gabriela Molina Canto, quien se convirtió en icono de la lucha contra el maltrato a la mujer, tanto en el hogar como ante las instituciones.

Ignorado por los reflectores que recibía el caso de Emma Gabriela, de manera paralela ocurrían maltratos que calladamente sufría una mujer que requiere ser defendida con la misma vehemencia que cualquier otra víctima de violencia en casa.

Ayer se escuchaban voces que pedían no mezclar el caso de Guillermo con el caso de Gaby. Una petición más que acertada, pues no por el hecho de ser hermano de una víctima de feminicidio ya queda "purificado".

Sí los maltratos ocurrían (como afirma la señora L.R.S.C. en su denuncia), que se investiguen y se procese al implicado. Es lo que en justicia cabe.

Y que a su vez continúe el proceso por el caso de feminicidio cometido contra Emma Gabriela.

Hoy sabemos que la señora Ligia Canto ha recurrido a la Comisión de Derechos Humanos para denunciar supuestos abusos contra su hijo. Está en su derecho.

Sin embargo, es inevitable no pensar en el chascarrillo de la madre que veía desde dos ópticas distintas las relaciones de pareja de sus hijos (un hombre y una mujer).

En el caso de la mujer decía: Mi hija se casó con un buen hombre, todo un caballero, le lleva el desayuno a la cama, ella no lava, él lo hace; tampoco cocina porque él prepara todo, en fin, la tiene como una reina.

Pero cuando se refería al hijo hablaba pestes de la nuera: Pobre de mi hijo se casó con una fodonga, no cocina ni lava, y él hasta tiene que llevarle el desayuno a la cama.

Cosas de la vida o producto de la educación machista que muchas madres inculcan en los hijos varones.

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Columna

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