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INICIO YUCATÁN     Martes, 8 • Diciembre • 2009

Las posadas se celebran desde hace 400 años


La costumbre inició en el centro del país y de manera paulatina fue adoptada por las demás entidades mexicanas, tal el caso de Yucatán, que la adoptó casi de manera inmediata y hoy se trata de una sólida tradición.

Cuatro siglos han transcurrido desde que por vez primera se realizó en México la primera posada, tradición bastante arraigada y cuyo impacto negativo del fenómeno socioeconómico es imperceptible.

Esta costumbre inició en el centro del país y de manera paulatina fue adoptada por las demás entidades mexicanas, tal el caso de Yucatán, que la adoptó casi de manera inmediata y hoy se trata de una sólida tradición.

Las posadas se desarrollan principalmente en las colonias populares, bajo la coordinación de un sacerdote, o bien, se designa a un vecino, un año antes de la celebración.

Las posadas se celebran desde hace 400 años, justo nueve días antes de la Navidad, del 16 al 24 de diciembre, tiempo durante el cual se representa simbólicamente el peregrinar de José y María. A su salida de Nazaret, culminando en la Nochebuena con el nacimiento del niño Jesús.

Se trata de nueve días de procesión, rezos y canto, y al final, la llegada del Salvador de los hombres.

De tal manera, este domingo 24 se caracterizará con las piñatas, el ponche, la fruta, pero sobre todo la emoción, alegría y amistad que se respira durante este tiempo.

Para muchas personas, las posadas reaniman el espíritu religioso de los participantes, al recordar los nueve días de peregrinaje que José y María.

Dichas fiestas de fin de año tienen su origen más allá de la época colonial, cuando los indígenas festejaban durante el invierno o Panquetzaliztli, el advenimiento de Huitzilopochtli, Dios de la Guerra para los aztecas.

Los curas aprovecharon que esta celebración, correspondiente en el calendario juliano al lapso que va del 7 al 26 de diciembre, coincidía con la práctica europea de celebrar la Navidad.

En un esfuerzo de evangelización los religiosos agustinos, sustituyen la imagen de Huitzilopochtli por la de José y María. Mantuvieron la celebración durante la misma época, con características diferentes y siguiendo la tradición cristiana.

Cabe destacar que en sus inicios estos festejos no fueron como los conocemos ahora, primeramente se les llamó "fiestas de aguinaldo" y consistían en la proclamación de la misa intercalada con pasajes y escenas alusivas a la Navidad.

De tal manera, se daban pequeños regalos a los indígenas que participaban, además se incluían piñatas, luces de bengala, cohetes y cantos populares.

Uno de los lugares donde se establecieron los agustinos, fue el pequeño pueblo de San Agustín Acolman, situado a unos 40 kilómetros al noroeste de la Ciudad de México, en el camino a Teotihuacan.

En este lugar se originó la práctica de las posadas, cuando en 1587 fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V una bula (permiso) en la que autorizaba la celebración en Nueva España de unas misas llamadas de aguinaldo, que se realizaban en los atrios de la iglesia.

Entre estas misas se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad.

Como atractivo se le agregaban a la celebración luces de bengala, cohetes, piñatas y villancicos, cantos populares que se ejecutaban en diferentes festejos, entre ellos la Navidad.

Estos cantos fueron conocidos y recreados por la población de México, eran amenizados con letanías, una muestra es el siguiente:

Los mexicanos alegres / también a su usanza salen / quien campea la lealtad / bien es que aplauso campe; / y con las cláusulas tiernas / del mexicano lenguaje / es un tecolín sonoro / dice con voces suaves:

Tla ya timohica / totlazo Zuapilli / marca ammo, Tonantzin / titechmolcahuilis.

Ma nel in Ilhuicac / huet timomaquitiz / amo nozo quemman / timotlanamictiz.

Prohibición y olvidos

En el siglo XVIII, Carlos III prohibió estos cantos. Aun cuando a su muerte se volvieron a poner en práctica, ya habían perdido arraigo en la población.

Así pues, las posadas no fueron en sus inicios como las conocemos ahora. Desde las misas de aguinaldo en los atrios de las iglesias, pasaron a formar parte del ritual familiar y del barrio en el siglo XVIII, y aun cuando en las iglesias no desaparecieron del todo en las casas, adquirieron mayor popularidad.

Esta transición, del templo al pueblo, se dio con el interés de que más gente tuviera acceso y participación en estas celebraciones, y es como transforma de acuerdo a sus posibilidades y a sus propias características culturales.

Cabe recordar que el censo de población ordenado por César Augusto lo que obligó a José y a María a trasladarse de Nazaret a Belén en donde Jesús nacería, y dado que en las posadas se rememora este hecho, se incorporó la costumbre de pasear a los santos peregrinos.

En México, Gerónimo de Mendieta refiere que san Juan de Béjar fue quien mas contribuyó a difundirla, aunque también esta costumbre se arraigó debido a que monjas concepcionistas enviaban a los distintos conventos, en visita solemne, a los santos peregrinos, costumbre que llegó a generalizarse entre las familias de la Nueva España.

A las posadas se les agregó diversos elementos, ofrecer a los individuos alimentos que variaban dependiendo de cada región; el baile, incluido ya en tiempos de la colonia, y la petición de aguinaldo encargada a grupos de niños y jóvenes.

Con estos elementos llegaban las posadas del siglo XX, despojadas, en buena medida de la religiosidad que inicialmente les había dado vida.

Permanecen como una manifestación pagana, al decir de algunos, llenas de elementos que surgieron de las aportaciones del pueblo, que en cada lugar adquirió sus peculiariades para hacer una expresión propia.

La organización varía de acuerdo al lugar en que se realiza.

Una tradición casi totalmente olvidada es la de "Corona de adviento", portada por jovencitas, confeccionada con flores y ramas entre las cuales se insertan cuatro velas, tres de color morado, que simbolizan los domingos de penitencia de adviento, y una blanca, que representa el triunfo de la esperanza con la llegada del Mesías.

Para muchos investigadores, los misioneros utilizaron las posadas para poder explicar a los naturales los nueve meses de embarazo de María ya que resultaba un tanto cuanto difícil hacerles entender el que fue por obra y gracia del Espíritu Santo.

En varias poblaciones de Jalisco, las posadas se celebran en las calles las cuales previamente se adornan con hilos de heno y faroles.

Y en otras muchas poblaciones se sustituyen los tradicionales peregrinos de barro por elementos vivos, causando mayor emotividad entre los asistentes.

Lo más importante de las posadas tradicionales es que reúnen al barrio o la comunidad ya que, por el hecho de ser repartido cada día entre una familia o un grupo de familias, entran en competencia amigable y sobre todo en un mayor esplendor de alegría navideña.

Las posadas, inexorablemente, pierden su finalidad, son mixtificadas y es que mucho de lo que fuimos, de lo que aún somos, perdemos y lo dejamos ir.

Influencias extrañas, perniciosas, a nuestra manera de ser, de obrar y de pensar, llegado con innovaciones para adulterarlo todo, para contaminar nuestras costumbres, lo nuestro, lo auténtico y en este caso nuestras posadas.

Ahora, las más de las veces se tornan en bulliciosos bailes sin el recorrido de los peregrinos por la casa o el patio de vecindad.

Enmudecieron las guijolas, ya no arden las multicolores velitas ni se encienden las luces de bengala ni los faroles. El abundante licor suple al tradicional ponche de granada, de tamarindo, de jamaica etc.
Letra completa de la canción para pedir posada:


En el nombre del cielo os pido posada
pues no puede andar
mi esposa amada.


Aquí no es mesón,
sigan adelante
Yo no debo abrir,
no sea algún tunante.

No seas inhumano,
tennos caridad,
que el Dios de los cielos te lo premiará.


Ya se pueden ir
y no molestar porque si me enfado os voy a apalear.

Venimos rendidos desde Nazaret,
yo soy carpintero
de nombre José.


No me importa el nombre, déjenme dormir, pues que yo les digo que nos hemos de abrir.

Posada te pide,
amado casero,
por sólo una noche
la Reina del Cielo.


Pues si es una reina quien lo solicita, ¿cómo es que de noche anda tan solita?

Mi esposa es María,
es Reina del Cielo
y madre va a ser
del Divino Verbo.


¿Eres ú José?
¿Tu esposa es María?
Entren, peregrinos,
no los conocía.

¿Eres ú José?
¿Tu esposa es María?
Entren, peregrinos,
no los conocía.


¡Dichosa la casa
que alberga este día
a la Viren pura.
la hermosa María!



Se abren las puertas, entran los peregrinos y continúa la letanía

Entren, Santos Peregrinos,
reciban este rincón,
que aunque es pobre la morada,
os la doy de corazón.

Oh, peregrina agraciada,

oh, bellísima María.

Yo te ofrezco el alma mía

para que tengáis posada.

Humildes peregrinos Jesús, María y José,
el alma doy por ellos, mi corazón también.

Cantemos con alegría todos al considerar
que Jesús, José y María nos vinieron a honrar.

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