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INICIO YUCATÁN     Viernes, 21 • Abril • 2017

La inteligente niña de ojos 'caídos' a la que el cerebro se le hizo agua


Tras la muerte de su madre, tuvo que convertirse en la mujer de la casa y atender a su padre y sus hermanitas, y aunque nunca dejó de ser estudiante de cuadro honor, el destino le tenía reservada una mala jugada.

Pese a haber perdido a su madre uno meses atrás, hecho que la marcó tremendamente a ella y a sus tres hermanas menores, Indira mantuvo su juvenil alegría, aunque sus ojo siempre denotaron una tristeza infinita, como si los tuviera "caídos".

Quizá la solidaridad de las maestras y sus compañeros de sexto grado le hicieron llevar menos pesada la ausencia de su mamá, fallecida a causa de una mortal enfermedad.

Ni siquiera perdió su sonrisa por no poder participar en la cena de gala con motivo de la conclusión de la primaria, por falta de recursos, pero ahí estuvo obligada por el hecho de tener que recibir el diploma de primer lugar en aprovechamiento escolar de la generación que concluía sus estudios.

Desde antes de que muriera su madre eran una familia pobre, y a falta de mamá, Indira tuvo que convertirse en la mujer de la casa. Ella veía por sus hermanas menores, cocinaba y las atendía mientras su papá iba a trabajar.

Su padre no tuvo excusa para pedirle que dejara los estudios y en el siguiente ciclo escolar Indira se inscribió a la secundaria.

Ahí continuó siendo una estudiante brillante, pes obtuvo el primer lugar en aprovechamiento escolar del primer año de secundaria, pero sus ojos se hacían cada vez más tristes.

En los primeros meses de su segundo año de secundaria comenzó a ser víctima de terribles dolores de cabeza. Al principio se los calmaba con pastillas y la psicóloga de la escuela le dijo que quizá era por el estrés de estar pendiente de la casa y a la vez tener que estudiar.

Conforme avanzaba el tiempo los dolores de cabeza fueron más seguidos e intensos, a tal grado que tuvo que dejar la escuela y poco después tuvieron que hospitalizarla. El diagnóstico fue hidrocefalia y tuvieron que operarla de emergencia.

Varias semanas después le dieron de alta, pero el mal estaba ya muy avanzado.

Los vecinos comentaban que se le había hecho agua el cerebro y que la tenían en una silla de ruedas. Sus gritos de dolor eran desgarradores, debido a los fuertes dolores de cabeza, la cual tenía "enyesada".

Sus ojos tristes se apagaron en los siguientes días y su padre casi enloqueció por dos pérdidas recientes, la de su esposa y la de su primógenita. Ya no quiso en vivir en Mérida y dispuso que regresarían a su pueblo.

La última vez que se supo de la familia fue cuando se vio a las hermanitas recorriendo de casa en casa vendiendo libros de secundaria que los ojos tristes de Indira ya no aprovecharían más.

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