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INICIO YUCATÁN     Viernes, 17 • Febrero • 2017

Ex gobernador y arzobispo se confabularon para robar una bebé


En complicidad con autoridades religiosas y políticas de España, 'consiguieron' para la hija del ex mandatario una niña 'blanquita y rubia', que hoy clama por saber quién es. La Iglesia yucateca calla ante caso que ha llegado a Amnistía Internacional.

Hace 48 años, los poderes políticos y religiosos de Yucatán y España se confabularon para cometer una atrocidad que hasta ahora permanece impune tanto en México como al otro lado del Atlántico.

El caso comenzó a desvelarse hace 15 años, cuando Ligia Ceballos Franco, nieta del ex gobernador Agustín Franco Villanueva, descubrió que no era hija biológica de quienes siempre creyó que eran sus padres, pero una revelación posterior fue lo que desató el escándalo internacional que este jueves ameritó una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR), por su supuesto robo en España cuando Lily, como le llamaban cariñosamente, era una recién nacida.

El objetivo de esta denuncia es saber si, como sospecha, al nacer la separaron de su madre en España, la llevaron a una sala apartada de incubadoras, le dijeron a sus padres biológicos que había muerto y la entregaron a sus padres adoptivos, una familia acomodada de Yucatán que la recogió en Madrid para llevársela a México y que aparentemente tramitó la adopción a través de las autoridades de la Iglesia Católica en Mérida.

Su familia adoptiva confirmó esta información y le explicó cómo viajaron en mayo de 1968 desde Yucatán (México) a Madrid para "conseguirla". Según le contaron sus padres, solicitaron orientación sobre adopciones al Arzobispo de Yucatán porque no podían tener hijos. Este se puso en contacto con el Arzobispo de Madrid, que les recomendó viajar a España.

Enterada de este caso, la agencia internacional The Associated Press reporta que intentó contactar con la Arquidiócesis de Yucatán, pero no tuvo respuesta inmediata.

Les tenían algo especial, pero no había nacido


En mayo de 1968, Nazario Ceballos y Ligia Franco viajaron a Madrid con la esperanza de adoptar a una niña. Cuando llegaron, les dijeron que les tenían preparado algo especial, aunque aún no había nacido. El 29 de mayo de 1968 nació una niña que, por orden de la Diputación Provincial de Madrid, les fue dada en prohijamiento. Según recuerdan los padres adoptivos, les aconsejaron quemar el pasaporte y los documentos de la niña al llegar a México y registrarla allí como si fuera su hija biológica.

Cuando Ligia Ceballos descubrió que había sido adoptada quiso conocer la verdad sobre sus orígenes y su familia biológica, por lo que, viajó a España en 2005 con la intención de recabar toda la información posible acerca de su nacimiento. Fue en el año 2010, cuando las autoridades de nuestro país le entregaron su acta de nacimiento española, en la que figuraba el nombre de María Diana Ortiz Ramírez. Sus investigaciones le llevaron a una dirección: Ligia y María Diana son la misma persona. "Tengo dos actas de nacimiento, María Diana es la misma persona que fue entregada a los padres adoptivos que le pusieron el nombre de Ligia Gabriela sin haber realizado un proceso de adopción completo", relata Ligia al sitio español Vice News.

En sus dos actas de nacimiento, la mexicana y la española, los padres biológicos no coinciden. Según ha podido averiguar Ligia, el 3 de junio de 1968 una niña ingresó en el Instituto Provincial de Puericultura de Madrid. En los datos de ingreso aparecen como padres de la niña Rafael y Marta, mencionados como 'supuestos' y sin apellido. La descripción reza: 'Camisa, jubón, pico, faja, toalla de felpa, jersey de lana blanca y mantita de color rosa'.

Dos días después, la niña fue bautizada e inscrita en el Registro Civil con el nombre de María Diana Ortiz Ramírez, donde consta que nació el 29 de mayo de 1968. El 11 de julio, la Diputación Provincial de Madrid concedió el prohijamiento de esta niña a Nazario Ceballos Traconis y Ligia Franco Aguilar.

Quemen los papeles, les dijeron

El 25 de julio de ese año, Nazario Ceballos y Ligia Franco inscribieron en el Registro Civil de Mérida a Ligia Graciela Ceballos Franco. En el acta de nacimiento se indicó que la niña había nacido el 29 de mayo de 1968, la misma fecha que María Diana, pero como lugar de nacimiento figuraba Mérida. Los padres adoptivos de Ligia, siguiendo las recomendaciones que les dieron, quemaron los papeles de María Diana y registraron a la niña con una nueva identidad.

"Yo he perdido mi patria y mis raíces. Estamos comenzando una querella en México porque queremos que la comunidad internacional nos ayude a abrir las puertas en España. Esto se tiene que saber, España tiene que pedir perdón. Llevo 15 años luchando por justicia por los crímenes del franquismo; Diana y Lily buscan justicia", explica Ligia.

Amnistía Internacional (AI) presentó este miércoles una querella ante la Procuraduría General de la República de México (PGR) por el caso de una bebé robada en España en 1968: Ligia Ceballos Franco.

Lily tenía tres hijos y 33 años el día que descubrió que en realidad no era Lily. Y su vida, la de una niña bien, nieta de Agustín Franco Villanueva, el ex gobernador de Yucatán, no era la vida que tendría que haber vivido.

Arzobispo mediador

A Ligia Graciela Ceballos Franco la habían "conseguido" en España por mediación de un arzobispo. Sus padres viajaron a Madrid en 1968 donde según recuerda su padre, les dijeron al llegar: "Les tenemos preparado algo especial. Pero aún no ha nacido". Viajaron dos meses por Europa y cuando ella nació les avisaron del obispado. "Ya está la niña". Era blanquita y rubita, como ellos querían.

Fue en el año 2000 cuando a Lily le contaron esta historia y empezó a buscar quién era realmente. Tardó cinco años en conseguir la primera pista: su nombre, o al menos el que figuraba en su acta de bautizo: María Diana Ortiz Ramírez.

En ella, aparecían como sus padres dos nombres sin apellidos: Rafael y Marta. Y una descripción: "Camisa, jubón, pico, faja, toalla de felpa, jersey de lana blanca y mantita de color rosa".

Esas 16 palabras le atormentan. Es lo único real que ha sabido en estos años sobre aquella niña.

Viajó a España en 2005 para rastrear su historia. Fue un viaje en el tiempo infructuoso. En 2012 regresó incluso con su padre adoptivo. 15 años y varios viajes después aún no sabe de dónde vino, ni por qué. En su mente, muchas preguntas sin respuesta. Todas confluyen en una sola desde que salieron los primeros casos de tráfico de bebés en España: "¿Soy un bebé robado?".

El robo de bebés fue una práctica en algunos hospitales españoles durante casi medio siglo. Comenzó durante el franquismo: a las mujeres republicanas les arrebataban a sus hijos en las cárceles para exterminar "el gen rojo".

La práctica continuó durante décadas en las que las víctimas pasaron a ser madres solteras de extracción humilde, sirvientas embarazadas por los señoritos, o mujeres que simplemente tuvieron la mala suerte de caer en un hospital donde alguien estaba dispuesto a pagar por el niño que no podía tener.

Mafia religiosa involucrada en robo de bebés

La historia de Lily, o Diana, como prefiere que le llamen ahora, se remonta a 1968. Sus padres no podían tener hijos, y la adopción era casi desconocida en México en aquel entonces. Por mediación del arzobispo de Yucatán, Fernando Ruiz Solórzano, contactaron con el arzobispo primado de Madrid Casimiro Morcillo González.

Varias cartas después viajaron a Madrid para recoger a una niña española en prohijamiento. "Tenían dinero, poder político, contactos e influencia, les abrieron las puertas", dice Diana a VICE News. El abuelo dio un agradecimiento en especie al arzobispo por facilitar la entrega varios centenarios mexicanos (monedas de oro). "Además, mi padre, estando en España, pagó por los trámites aunque no recordaba si 6.000 o 60.000 pesetas (36 euros o 360 euros) de la época", recuerda.

Se la llevaron después de un cursillo de 15 días en Santa Cristina, la institución que recogía niños abandonados, sobre cómo cuidar a un recién nacido. Y un mensaje claro: "Quemad el pasaporte y los papeles de la niña al llegar a México".

Pensaron en la desesperación que podía llevar a alguien a abandonar a su hijo y en el riesgo de que lo reclamara. Y siguieron el consejo, aunque incumplía el contrato de prohijamiento en el que se comprometían a acudir con la niña ante las instituciones españolas cada año.

Los borrachos siempre dicen la verdad

Así pasaron tres décadas, en las que Lily creció ajena a esta historia en un mundo de nanas, fiestas de alta sociedad y una vida de apariencias en la que nunca llegó a encajar.

Pero el mundo de Lily, licenciada en Comunicación Social, cambió durante una discusión en el año 2000. "Pero si ni siquiera eres hija de tus padres, adoptada de miarda", le espetó su marido borracho. "Mamá, ¿soy adoptada?". Al otro lado de la línea, 40 segundos de silencio. "Sí, ¿Estás bien, hijita?".

La llamada se cortó. Días después hablaron tres horas sobre aquel secreto familiar. Nunca más volvieron a hacerlo.

Al principio Diana se sintió afortunada y agradecida por la "linda vida" que sus padres adoptivos le habían dado. Pero luego surgieron más preguntas, y ahí comenzaron las dificultades: documentación que no aparecía, datos contradictorios y oscuridad.

"Tardé cinco años en localizar mi documentación y descubrir mi nombre real", dice Diana a VICE News. Hasta cinco veces tuvo que viajar a España para conseguir el papel que acreditaba que Ligia Graciela Ceballos era la misma persona que María Diana Ortiz.

Para las autoridades españolas, esto no es suficiente para que a Diana le entreguen su ansiado DNI español.

Otros datos hacen pensar a Diana que su entrega en la inclusa no fue tan accidental como dice la versión oficial. "No figuraba el consentimiento de mi madre para darme en adopción, ni los nombres de mi padre, ni de mi madre" señala. Esto sería compatible con la versión de que fue una niña a la que abandonaron en la inclusa, pero a Diana algo no le cuadra.

"¿Por qué sabía el obispo entonces cuándo iba a nacer y que sería blanquita y rubia como habían pedido mis padres?", apunta. También le extraña que a sus padres les pidieran que quemaran la documentación al llegar a México. "¿Qué escondían?", se pregunta.

Tuvo que reclamar hasta cuatro veces su acta de nacimiento hasta que se la dieron casi por accidente. Fue cuando el responsable del arzobispado que se la había negado hasta entonces salió de vacaciones y su sustituto se la entregó.

En el archivo regional de Madrid, más obstáculos: le advirtieron de que había cartas que no podían entregarle por la ley de Protección de Datos, ya que sin un DNI de Diana, Lily no puede acreditar que ella es la misma persona de los documentos.

"Cuando pasen 50 años de mi nacimiento, en mayo de 2018, podré acceder a ese material, que quizá me dé alguna pista sobre de dónde procedo", explica.

Las firmas que figuran en sus documentos, de Sor Irene Jabat, la religiosa que firmó su salida de la Inclusa, del abogado, Pedro del Rosal, que gestionó su prohijamiento, y del sacerdote del Opus que la bautizó, Ladislao López Izquierdo, se repiten en varios casos denunciados de posibles bebés robados, pero también en los de otros bebés entregados en adopción desde la inclusa. "Para mí que se conocían todos y trabajaban en equipo", apunta Diana.

Quizá ella nunca descubra quién es o si se trata de un bebé robado. Pero siempre le acompañará la sensación de haber sido un títere: "Me dejaron sin identidad, fui su marioneta a la que arrancaron de su país para complacer a unos niños ricos, y me llevaron como mercancía, de un sitio a otro. A España se le perdió una ciudadana en 1968, se incumplió el contrato de prohijamiento y nunca se le dio ningún seguimiento...Y los únicos que podían darme respuesta son mis padres: mi madre ya no está y la relación con mi padre se deterioró a raíz de mi búsqueda...".

Sentía que no era su nombre

A veces dice que preferiría no haberse enterado nunca. La búsqueda de la verdad destruyó su relación con sus padres y le sumió en la incertidumbre. "A quien está empezando una búsqueda así les he recomendado que lo dejen, ya nadie nos va a devolver el tiempo y he perdido tanto por el camino sin apenas encontrar nada...".

Pero entonces una anécdota le hace reponerse. "Me estaba bañando mi nana y pasó mi mamá y le dije "Mami no me gusta mi nombre, no siento que sea el mío. Ella le preguntó ¿Por qué lo dices mi niña?¿Y cómo te gustaría llamarte? No sé, pero es como que no me llamara Lily.

"'Cuando seas mayor, te lo podrás cambiar', me dijo. A esa niña que sentía que algo fallaba, a esa niña se lo debo", concluye.
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